MERCENARIOS & REHENES (o como pagan las empresas)

5 Octubre 2017 0 Comentarios

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Estamos en enero, época de revisión salarial, momento en el que cada manager se sienta con todas las personas de su equipo para contarles como les queda el salario. Cada tres años realizamos un benchmark de mercado con una consultora especializada, para actualizarnos y ver cómo estamos pagando a nuestras personas comparado con el mercado. Nuestra política salarial se ubica un 10% por encima de la media del mercado, con un margen adicional de +20% como máximo. En esta revisión, donde no hay dinero para hacer todo lo que nos gustaría, me preocupan dos casos concretos por situaciones bien distintas.

Sergio es un buen profesional que lleva muchos años con nosotros, jugador de equipo, mucha experiencia, siempre entrega buenos resultados. Por razones históricas, su salario está un 37,8% por encima de la media del mercado para una posición como la suya y se encuentra un 4,4% por encima del máximo que la compañía define para su puesto. En los últimos meses ha mostrado síntomas claros de desmotivación que incluso ha llegado a declarar, verbaliza que desea más responsabilidades, nuevas funciones, pero su actitud es más bien de supervivencia y la energía con la que actúa baja, parece cansado y ello no pasa desapercibido en el equipo.

Esperaba un incremento de sueldo, pero este año le ofrecemos IPC (1,5%), le parece poco. La confianza que hemos creado entre nosotros permite su honestidad “estoy cansado, me apetece un cambio de empresa, pero no voy a ganar lo que me pagan aquí”. Siento que hemos creado un REHEN, amarándose a su salario, que no a su labor.

El otro caso es Juan, un recién incorporado, apenas lleva con nosotros 6 meses, un fichaje “estrella”. Joven y ambicioso, se ha ganado el respeto de sus compañeros, ha llegado con ganas de comerse el mundo y su rendimiento está siendo acorde a las expectativas generadas, pero esto es una carrera de fondo y apenas estamos en los primeros meses. Llegó con un salario alto, cerca del máximo que la compañía fija para posiciones como la suya.

La propuesta de la empresa es una subida del 4,5%, dejándolo prácticamente en el máximo; aunque solo lleva 6 meses (¡en algunos casos es el período de prueba!) también le parece poco. Con la transparencia que ofrecen los jóvenes me regala “en la empresa donde estaba me subían cada año entre 7% y un 10%, ¿no he hecho bien mi trabajo? ¿no aprecias mi labor? Tal vez deba buscarme otra empresa”. Lo siento como un MERCENARIO. Se percibe su desengaño, a pesar del reconocimiento que ha tenido por parte de sus compañeros y su manager directo; parece que don dinero es lo único que conecta con su autoestima.

Atrapado por el dinero o, necesitado de dinero para sentirme reconocido, mismas preguntas para dos casos distintos: ¿Cómo serán capaces de levantarse motivados todos los días para venir a trabajar? ¿Cómo pondrán pasión en lo que hacen? ¿Cómo afectara su actitud al resto de compañeros? ¿y a los resultados? ¿debemos subirles el salario a ambos a costa de romper los presupuestos y las políticas retributivas? ¿Cuánto durará el efecto de dicha acción? ¿es consistente y sostenible a medio plazo?

Cuando el dinero es el único rey, no es extraño que en nuestras filas aparezcan rehenes y mercenarios. En ellos la pasión por lo que se hace, el disfrute del entorno, el compromiso con el equipo, se van fundiendo como la nieve en primavera, y ello termina afectando a los resultados y al resto del equipo.

El salario debe ser acorde al valor que se entrega, por eso tenemos una política que paga por encima del mercado, ¡queremos a los mejores! Pero el dinero no puede ser el factor único para tomar la decisión de donde pongo mi tiempo, mi trabajo y en definitiva mi vida. El proyecto de la empresa, las experiencias que podré vivir en ella para desarrollarme, las formaciones que me ofrezcan, los compañeros de los que voy a aprender y todas las actividades que me permitan crecer personalmente, son un regalo que me abrirán mejores futuros y me permitirán disfrutar el presente con mayor intensidad.

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