La escucha abre caminos

5 julio 2016 2 Comentarios

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habitacion hotel

La Universidad Miguel de Cervantes de Valladolid me ha invitado a dar una conferencia en su bella ciudad y he pasado la noche en un hotel. Antes de dormir me he sacado la pulsera de obsidiana negra que siempre llevo conmigo y la he puesto encima de la mesita de noche que también es negra.

Sobre las 11 del mediodía me he dado cuenta de que no la llevo en mi muñeca. Al irme  por la mañana no la he visto y me la he olvidado encima de la mesita, así que llamo al hotel para que la busquen en la habitación “justo encima de la mesita derecha”.

La respuesta me sorprende: “la habitación ya está hecha y no la han encontrado”. ¿Quién quiere llevarse una pulsera de obsidiana? ¿Han buscado realmente donde les he indicado que está? ¿Por qué no me escuchan?

Me quedo con muchas preguntas sin contestar, pero ahora tengo que centrarme en lo que he venido a hacer a esta hermosa ciudad.

Antes de dirigirme al aeropuerto para volver a casa, decido volver a pasar por el hotel, con la ilusión de rescatar la pulsera, un regalo de una buena amiga. La atención de las personas de recepción es más que correcta y amable, pero frente a mi petición vuelven a contestarme en la misma línea.

Siento que no están escuchando mi petición, no siento ninguna empatía por su parte hacia mí, siento que se limitan a hacer acciones “oficiales”, pero que no se implican en la situación.

¿Por qué se limitan a responderme lo que ya sé y no hacen nada? ¿Tanto cuesta escuchar a los clientes o a las personas? ¿Solo por el hecho de hacer algo ya está todo hecho?

La habitación ya está ocupada, pero como no estoy dispuesto a abandonar y estoy convencido de que sigue allí, porque no se ve a menos que uno le preste atención, insisto y le ruego que lo mire personalmente. Puedo observar en su cara la incredulidad de la acción que le pido y cómo le molesta llevarla a cabo, pero frente a mi insistencia, acepta. Tan solo 2 minutos después llega con la pulsera en la mano.

Mi percepción del hotel no es mala, pero sí la del servicio. He tenido que contarlo 3 veces e insistir para que hagan un poco más de lo establecido. ¡Qué fácil hubiera sido hacerme feliz si me hubiesen escuchado y se hubieran implicado conmigo!

¿Cuántas veces en tu día suceden cosas como esta y está en tu mano cambiarlas?

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Comentarios (2)

  1. Eva dice:

    Hola, es el gran handicap de las personas, escuchar, aunque en este caso creo que era más el hecho de que no era su trabajo o que ir a mirar si la pulsera esta encima de la mesita de noche, como le indicaste, no es su trabajo. Falta trabajo en equipo quizás?

  2. Juan Toro dice:

    Imagino que ya sera un hotel que descartaras y no aconsejaras para próximas visitas.
    Recomiendo queja por escrito a atención al cliente, para que tomen nota y espabilen.
    Cuando el empleado por distintas circunstancias no esta en la sintonía de ofrecer servicio, empatia y cortesía, es la muerte lenta del negocio.
    Saludos.

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