La clave está en los demás

28 Junio 2016 3 Comentarios

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Cuenta una antigua leyenda que un Sabio quiso saber cuál era la diferencia entre el Cielo y el Infierno y por eso pidió a Dios que, por favor, le permitiera conocer ambos dominios para hacerse por fin con una conclusión que lo sacara de su constante devaneo mental.

Quiso Dios que el Sabio conociese el Infierno en primer lugar. Allí, nuestro protagonista se encontró con un edificio rojo muy grande y, en su interior, había una inmensa mesa donde mucha gente estaba sentada a ambos lados de la misma.

Allí había los más grandes y suculentos manjares que el Sabio jamás hubiese imaginado ver juntos sobre la misma mesa. Pero su asombro alcanzó aún mayores proporciones al ver que no había cubiertos “normales”, sino una especie de cucharas que, de tan largos, parecían remos.

Todos los comensales se afanaban en comer de aquellos deliciosos platos, pero, por más que hundían la cuchara en el plato de enfrente (no había forma de hacerlo en el plato propio), era luego del todo imposible que pudieran llevarse el alimento a la boca, pues, como digo, las cucharas eran tan largas como remos.

Allí estaban los pobres comensales famélicos, desesperados, airados, tristes, depresivos. Muchos de ellos mostraban rostros de clara desesperanza, sin motivación, al ver que por más que intentaban llevarse a la boca el alimento no podían probar bocado alguno.

El Sabio casi se puso a reír, pues, ¿por qué no usaban sus manos? Y Dios, que sabía lo que pensaba nuestro hombre, le dijo que no podían usar las manos, habían de comer usando esas cucharas. El resultado era, pues, desolador.

Ya transportado de forma instantánea al reino de la máxima plenitud, vio el Sabio un inmenso edificio blanco y, al traspasar la puerta, se encontró de nuevo con una mesa enorme repleta también de impresionantes manjares.

El Sabio se dio cuenta de que había también muchos comensales alrededor de la mesa, pero, impresionado aún por los gigantescos cubiertos que vio en el Infierno, buscó, en primer lugar, cuáles eran los de esta mesa. Vio, con pesadumbre, que eran tan grandes como los que había dejado atrás. Su ceño se frunció palpablemente, así que su mirada, sabiendo lo que se iba a encontrar, fue a dar en los comensales, quienes, para su nuevo asombro, no paraban de comer felices, despreocupados, con rostros de amor que contagiaron de inmediato al buen Sabio.

En ningún momento recordó su torpeza anterior allá en el Infierno pues, aquí en el Cielo, sintió una inmensa alegría y un apabullante regocijo al ver que los comensales se iban alimentando unos a otros con aquellas increíbles cucharas. Lo único que hacían era llevar el extremo de la cuchara a quien tenían delante y, así, olvidándose de sí mismos, estaban logrando subsistir y se veían llenos de gozo por ver que alimentaban y eran alimentados.

Y el Sabio, plenamente satisfecha su curiosidad y, habiendo aprendido la mayor de las lecciones de toda su vida, pidió a Dios que le devolviera al mundo terrenal.

Yo he visto en el infierno la forma de actuar y vivir en las empresas, egoísta y despiadado. Muchas veces nos perdemos al pensar solo en nosotros, en nuestros males, en nuestras dificultades, en nuestra recompensa, en nuestro reconocimiento, en nuestro dolor, en nuestro equipo, en nuestro objetivo… cuando en realidad todo es más fácil, placentero y efectivo cuando piensas en los demás.

¿Eres capaz de imaginarte una empresa como este cielo? Cambia el mundo a tu alrededor, piensa en los otros, actúa sin esperar nada y ellos lo harán mañana por ti.

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Comentarios (3)

  1. Carmen Garcia dice:

    Idílico panorama empresarial al que deberíamos aspirar pero ¡Queda tanto para llegar!. La pasada semana acudí a una entrevista de trabajo y los primero que me dijeron fue: “Estás dispuesta a trabajar sin horario?”, y no ser referían precisamente al horario flexible tan deseado.

  2. Muchas gracias por reflejar con esta fábula aquello que siento, debe ser el camino de mi nuevo reto profesional!!

  3. jose antonio dice:

    esta muy bien recordar estas historias e interpretarlas desde la perspectiva de la empresa.
    saludos

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