Lección de entrega

12 mayo 2015 0 Comentarios

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Dalai Lama

Llevamos más de una hora esperando sentados en el suelo junto a unas 3.000 personas de todo el mundo que se mezclan con tibetanos e indios. A mi lado, un joven americano muestra su arrogancia mientras los humildes tibetanos lo miran sin entender. Acaba de llegar y sin respetar a niños, jóvenes o ancianos, que llevan mucho tiempo esperando, se apodera de una posición en primera fila.

Son las 8.05 y H.H. Dalai Lama hace su aparición pública en Dharamsala. Pronto darán comienzo sus enseñanzas.

Estoy en la parte central de los 150 metros que separan su residencia del templo, en primera fila, esperando para verlo pasar y, si tengo suerte, que me elija para hablar. El americano lo llama atropelladamente y le hace una petición (más bien parece que le esté exigiendo). Él lo atiende con amor, respeto y su conocida sonrisa y humor. Le dedica su tiempo, le pregunta, lo escucha, le sugiere y se despide. A todos nos gustaría estar en su lugar, pero no veo el agradecimiento en el rostro del americano, más bien parece enfadado.

H.H. Dalai Lama ha dado 8 o 9 pasos rodeado del equipo de seguridad y, entonces, con todos los ojos de los asistentes puestos en él, se detiene, desanda el camino y le entrega al chico algo más de su sabiduría, su tiempo y su atención. Siento que la mejor enseñanza nos la ha regalado ahora mismo, mostrándonos que atiende a quien más lo necesita, enseñando que todas las personas que allí se agrupan son mucho más que gestos a entregar. Se ha ido con la imagen del chico en su ser y, lleno de humildad y valentía, ajeno a todas las miradas y expectativas, se ha girado y ha vuelto atrás. Para mí ha demostrado que realmente le importa y lo quiere.

Cuando veo a estos grandes seres rectificar, me siento pequeño. Muchas veces mi orgullo me ha impedido dar pasos de amor. Muchas veces no he tenido la valentía de reconocer lo que en el fondo de mi ser sabía. Así veo y comprendo que el más fuerte es el que es capaz de mostrarse como es, sosteniendo la situación, abriendo su corazón. Cuanto he andado, pero cuanto me queda aún por recorrer.

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