Aprender a aceptar

7 octubre 2015 2 Comentarios

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si tiene que ser sera

Son las 7 de la mañana, sentados en el avión que nos tiene que llevar a Delhi desde Kochi en 3 horas. Sonrío porque estamos saliendo con 5 minutos de anticipación y el piloto ha anunciado un vuelo de 20 minutos menos de lo previsto. Respiro más tranquilo, así creo que llegaré a tomar mi vuelo de las 11.20 hacia Dharamsala.

Cuando compré los billetes sabía que los horarios eran muy justos, pero al ser dos compañías distintas no había forma de enlazarlos y tomé mi riesgo para no perder un día. En el mostrador de la compañía me animaron con “si el anterior llega puntual a las 10 seguro que lo tomas, cambiar de terminal son 5 minutos y llegarás a los mostradores justo antes de cerrar el vuelo”.

Al llegar a Delhi, el avión empieza a volar en círculos. Miro mi reloj, faltan 20 minutos para las 10. Todo va bien, hay tiempo. Pasan los minutos y siguen las vueltas sin descender; las 9.50 y sin cambios. Son las 10.10 y no veo la intención de cambio en la situación, doy por perdido el vuelo siguiente. Me abandono a la situación, no quiero inquietarme ni que mi mente empiece a buscar soluciones, o a culpabilizarme por tomar los vuelos tan justos o…

Siento que mis 7 días de peregrinación por India, con sus colas interminables, su caos circulatorio, sus impredecibles situaciones y la tranquilidad y aceptación que emanan las personas, han cultivado en mí sus mismos atributos. Tomo mi libro y me abandono a lo que tenga que ser.

Finalmente aterrizamos a las 10.25. Ya está cerrado nuestro vuelo, sigo con una paz interior que a veces me parece indiferencia, aunque en realidad es aceptación.

Mi mujer me anima a ir deprisa, pero siento que el destino está escrito: si tiene que ser, será.

Bajamos las escaleras del avión. Mientras esperamos el autobús, me encuentro un carné de conducir en el suelo. Busco donde dejarlo para que puedan recuperarlo. Por fin llegamos a la terminal; son más de las 10.30. Ahora sólo falta recoger las mochilas, la mía sale rápido, pero la de Fuensanta se hace esperar, ya son las 10.44. Sólo nos queda cambiar de terminal, esperar que no haya mucha cola, sortear el control de entrada y llegar a los mostradores, que resultan ser los más alejados.

Delante del mostrador de SpiceJet sonrío mientras le doy nuestras reservas. Son las 10.57 y el embarque empieza a las 11. Me pregunto si será posible el milagro. La sorpresa es que nos aceptan.

Doy las gracias por este regalo, la mágica India me ha permitido experimentar cuanto sufrimiento nos podemos ahorrar.

Hoy siento que nosotros hacemos planes y el destino se encarga de entregarnos aquello que nos corresponde, más allá de nuestras acciones o intenciones.

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Comentarios (2)

  1. Jaume Gurt dice:

    Juan Carlos, muchas GRACIAS por tu comentario, por tus palabras, por sembrar en otros. Me alegro que te haya servido. Como bien dices, hay energías invisibles que dirigen nuestros pasos, el problema está en que esta sociedad solo cree en lo que puede verse, tocarse o medirse, por lo que no nos educan en ese camino. También uno ha de estar MUY presente y atento para poder comprender las señales del camino. GRACIAS de nuevo por tu participación. ¡Se feliz!

  2. Juan Carlos dice:

    Increíble, necesitaba leer hoy este articulo y no se como ni porque lo he encontrado de casualidad. Creo que es verdad que alguien nos dirige en nuestro camino, no pienso meterme en religiones, podemos llamarlo destino, pero está claro que si escuchamos a ese destino nos habla con claridad. Hoy necesitaba que alguien me dijese lo que tu me has dicho y solo por eso te doy las gracias.

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