373 escalones

18 Febrero 2015 2 Comentarios

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jaume-gurt-mindfulness

Este fin de semana estuve en Olot, tierra de volcanes, con mi pareja. Andamos buscando la paz de los hayedos y la energía creativa de los volcanes. Uno de los paseos fue visitar el volcán Montsacopa, que se encuentra dentro del pueblo, para tener una linda visión panorámica. Para llegar a la cima, nos esperaba un camino de escaleras sencillas de madera.

Siempre me ha gustado contar. Es un ejercicio de conciencia y de estar en el presente que a menudo practico (al andar, al subir escaleras, sentado en un banco viendo pasar a las personas…), mientras disfruto del camino. Así que le planteo a FuenSanta adivinar cuántos escalones nos esperan para superar los casi 120 metros de desnivel.

Al llegar arriba nos maravillamos de las vistas y compartimos nuestra subida. Los 373 escalones pueden vivirse de muchas maneras y pueden ayudar a desarrollar nuestras capacidades si somos conscientes.

Me doy cuenta de que ella ha mantenido la máxima concentración en el camino contando escalones (visión táctica), pero mirando al suelo se ha perdido cómo se transforma el paisaje (visión estratégica) al ir subiendo. No ha sido capaz de disfrutar del camino levantando la vista, al mismo tiempo que mantenía la conciencia de contar.

Siento que la vida tiene que ser vivida saboreando cada paso, mirando nuestros pies para seguir el camino, sabiendo donde pisas, mejorando nuestra relación con el suelo a cada momento, evolucionando como individuos mientras levantamos la vista para ver qué sucede a nuestro alrededor, disfrutando del camino, reconociendo tal vez algún compañero de viaje, tomando las decisiones necesarias que nos lleven al destino que elegimos (puede cambiar en el viaje). ¡Qué importante es poder combinar ambas!

A lo largo de mi vida profesional, he compartido espacio con personas increíbles de las que he intentado aprender siempre. Aquellas que poseían la capacidad de ver el camino y el paisaje me han regalado estrategia, planificación, trabajo en equipo, pensar en grande…  Y los que seguían el camino me dieron técnica, paciencia, observación, constancia…

De todos aprendí, pero cuando aprendí a ver el paisaje empecé a elegir mi camino y, sin duda alguna, empecé a disfrutar mucho más.

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Comentarios (2)

  1. Jordi Raso dice:

    Muchas gracias Jaume,

    Me ha encantado esta analogía. Realmente inspiradora.

    Qué difícil es a veces aprovechar el esfuerzo de personas con las dos visiones, verdad?

    Pero si se consigue todo fluye fácilmente hacia cualquier meta, por difícil que sea.

    Saludos

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